La mesa de Mateo: una Iglesia que sabe acoger

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Por Jose Ramón Villalta, Alajuela Medios

El Evangelio de hoy nos presenta a Mateo sentado en la mesa de recaudación de impuestos cuando Jesús pasa por allí. No era precisamente un personaje querido por la gente. Los publicanos trabajaban para el sistema romano y, además, muchos eran señalados por cobrar de manera injusta. Por eso eran vistos con desconfianza y estaban bastante alejados de la comunidad.

Pero Jesús se detiene, lo mira y lo llama. Después de llamarlo, Jesús se sienta a comer con Mateo y con otras personas. Entre los invitados había publicanos y pecadores. Para algunos, aquella mesa resultaba incómoda y cuestionable; para Jesús, se convierte en un espacio de encuentro, misericordia y conversión.

Aquí podemos detenernos y hacernos una pregunta sencilla: ¿quiénes tienen un lugar en nuestras mesas?

En nuestras parroquias hay muchas personas que participan activamente, colaboran y forman parte de diferentes grupos y ministerios. Pero también están quienes llegan por primera vez, quienes regresan después de muchos años, quienes tienen dudas, quienes atraviesan una crisis familiar o quienes simplemente todavía no saben dónde encajar.Hay personas que se acercan a la Iglesia buscando una respuesta, una palabra de esperanza, alguien que las escuche o, sencillamente, un espacio donde puedan sentirse acompañadas.

Por eso, podemos tener las puertas del templo abiertas y, sin embargo, no tener completamente abiertas las puertas de nuestra comunidad.

En su Carta Pastoral En la culminación del discernimiento diocesano, “Transfórmense mediante la renovación de su mente, para distinguir la voluntad de Dios” (Rm 12,2), Mons. Bartolomé Buigues Oller invita a nuestras comunidades a abrirse a las personas y a sus realidades, generando espacios donde puedan sentirse recibidas, escuchadas y acompañadas.

Y esto nos lleva a una pregunta muy concreta:

¿Qué encuentra una persona cuando llega por primera vez a nuestra parroquia?

Quizá ese sea uno de los desafíos que tenemos como Iglesia: que nuestras parroquias no sean solamente lugares donde las personas vienen a celebrar, sino también comunidades donde puedan sentirse recibidas y acompañadas.

Mateo encontró en Jesús una mirada diferente y una oportunidad para comenzar de nuevo. Muchas de las personas que llegan hoy a nuestras comunidades también necesitan encontrar esa mirada.

Que nuestras parroquias sepan abrir no solo sus puertas, sino también espacios para escuchar, acompañar y caminar juntos.

Porque, al final, acoger también es una manera de anunciar el Evangelio.