“Costa Rica necesita volver su mirada al Señor” Monseñor Bartolomé inauguró la Novena a la Virgen de los Ángeles con un llamado a construir la paz

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Cartago, Costa Rica. Bajo la mirada amorosa de Nuestra Señora de los Ángeles, miles de peregrinos dieron inicio este martes a la Novena en honor de la Patrona Nacional. En representación de la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Alajuela, Monseñor Bartolomé Buigues Oller presidió la Santa Eucaristía en la Basílica de los Ángeles, desde donde dirigió un profundo llamado a renovar la fe, caminar en la esperanza y convertirse en auténticos artesanos de paz para Costa Rica.

Desde el comienzo de su homilía, el Obispo expresó que la comunidad diocesana llegó a la Casa de la Madre llevando en el corazón las alegrías, los sufrimientos y las esperanzas de las familias, las parroquias y de toda la nación. Ante la imagen de la Negrita, confió especialmente el anhelo de paz que hoy necesita el país.

“Costa Rica necesita volver su mirada al Señor y aprender nuevamente el lenguaje del encuentro, del respeto y de la fraternidad.”

Retomando el reciente mensaje de los obispos de Costa Rica en la Carta Pastoral La paz esté con ustedes, Monseñor Bartolomé recordó que la paz no nace únicamente de acuerdos humanos, sino de corazones reconciliados con Dios, capaces de transformar la vida familiar, comunitaria y social.

Peregrinar es dejar que Dios transforme el corazón

Meditando la vocación de Abraham, presentada en la primera lectura, el Obispo explicó que toda peregrinación representa el camino del discípulo que se atreve a abandonar sus seguridades para confiar plenamente en Dios.

«Muchas veces deseamos las promesas del Señor, pero sin recorrer los caminos que Él nos propone», afirmó, invitando a cada peregrino a preguntarse de qué realidades necesita salir para vivir una auténtica conversión.

Ese camino, explicó, supone abandonar el resentimiento para abrazar el perdón, dejar la indiferencia para servir a los demás, vencer el miedo y renovar una fe que muchas veces se ha vuelto rutinaria.

María, Reina de los Profetas, maestra de la escucha

Uno de los momentos más significativos de la predicación estuvo dedicado a la figura de María como Reina de los Profetas, tema que iluminó toda la celebración.

El Obispo destacó que la Virgen no fue solamente la mujer del “sí”, sino también la mujer que aprendió a escuchar la voz de Dios incluso en medio de las incertidumbres y del dolor.

Recordó que el Magníficat constituye uno de los grandes cantos proféticos de la Sagrada Escritura, porque anuncia el proyecto de Dios para la humanidad: un Reino donde los humildes son levantados, los pobres encuentran esperanza y la misericordia alcanza a todas las generaciones.

En una sociedad saturada de información, pero con escasa capacidad de escuchar, afirmó que María continúa enseñando el camino del verdadero discernimiento.

“No hay profecía sin escucha, no hay anuncio sin silencio, no hay misión sin contemplación.”

Por ello exhortó a la Iglesia a formar hombres y mujeres con auténtico espíritu profético, capaces de leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y de anunciar esperanza en medio de un mundo marcado por la violencia, la polarización y el desencanto.

“No tengan miedo”

Reflexionando sobre el Evangelio de san Mateo, donde el ángel invita a san José a no temer recibir a María, Monseñor Bartolomé señaló que el miedo continúa siendo uno de los mayores obstáculos para vivir plenamente la fe.

Miedo al futuro, al compromiso, al perdón, al cambio o al amor son algunas de las cadenas que impiden al ser humano abrirse completamente a la acción de Dios.

Sin embargo, recordó que la gran noticia del Evangelio permanece intacta: Jesús es el Emmanuel, el Dios que continúa caminando junto a su pueblo y nunca abandona a quienes ponen su confianza en Él.

Una Iglesia que camina permanece joven

Dirigiéndose a toda la Iglesia diocesana, el Obispo invitó a no instalarse en la comodidad ni en la nostalgia del pasado, sino a vivir una Iglesia en salida, peregrina y misionera.

Animó especialmente a sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, religiosas y agentes de pastoral a renovar cada día su entrega, recordando que nadie puede anunciar aquello que antes no ha contemplado ni compartir aquello que no vive.

Asimismo, dirigió un mensaje a las familias, recordando que el hogar continúa siendo el lugar privilegiado donde nace la fe, se aprende el perdón y Cristo vuelve a hacerse presente en medio del mundo.

Una corona hecha de corazones convertidos

En el contexto del centenario de la Coronación Pontificia de la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, Monseñor Bartolomé afirmó que la ofrenda más valiosa que hoy puede presentar el pueblo costarricense no está hecha de oro ni de piedras preciosas.

“La corona que María espera está formada por corazones convertidos, familias reconciliadas, jóvenes comprometidos con el Evangelio, sacerdotes santos y una Iglesia unida en la misión”, expresó.

Asimismo, al recordar el Jubileo Franciscano por los 800 años del tránsito de san Francisco de Asís, evocó la Porciúncula como lugar de misericordia, fraternidad y envío misionero, invitando a que cada parroquia y comunidad cristiana se convierta en un espacio donde todos puedan experimentar el perdón, la acogida y la paz.

Peregrinos de esperanza para Costa Rica

Al concluir la celebración, el Obispo invitó a vivir intensamente cada jornada de la novena ofreciendo la oración por las víctimas de la violencia, por las familias, los jóvenes, quienes ejercen responsabilidades públicas y por todos aquellos que trabajan por el bien común.

Finalmente, encomendó a toda Costa Rica bajo el manto protector de la Virgen de los Ángeles, pidiendo que cada peregrino regrese a su comunidad como testigo del Evangelio y sembrador de reconciliación.

“Peregrinar significa dejar que Dios transforme nuestro corazón. Que María de los Ángeles nos conduzca hacia su Hijo, el Príncipe de la Paz, y nos enseñe a ser verdaderos artesanos de paz y bien.”

La Homilía Completa acá