Mensaje de nuestro obispo, Monseñor Bartolomé Buigues Oller
Paz y bien.
Seguimos con preocupación las tensiones y hechos de violencia en Oriente medio, particularmente en relación con Irán y la región del Golfo Pérsico. Cada conflicto bélico, aunque esté lejos geográficamente, nos toca como humanidad y como Iglesia.
La guerra nunca es una buena noticia. Siempre deja víctimas inocentes, familias destrozadas, miedo, pobreza y heridas que duran generaciones. Detrás de los titulares hay niños, madres, ancianos, jóvenes que quieren vivir en paz.
Como cristianos no entramos en la lógica de la confrontación ideológica ni en la simplificación de “buenos y malos”. Nuestra primera postura es clara: la defensa de la vida humana, la búsqueda incansable del diálogo y el respeto al derecho internacional. La paz no es ingenuidad; es una tarea exigente que requiere voluntad política, prudencia y renuncia a intereses desmedidos.
Los invito a tres actitudes concretas:
1. Oración perseverante por la paz. No como un gesto simbólico, sino como una intercesión real. La historia demuestra que la oración sostiene procesos invisibles de reconciliación.
2. Información responsable. No dejarnos arrastrar por rumores, noticias falsas o discursos que alimentan odio.
3. Conversión personal. La paz mundial comienza en el corazón de cada uno. No podemos pedir paz entre naciones si cultivamos violencia verbal, resentimiento o división en nuestras familias y comunidades.
La Iglesia siempre ha enseñado que la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad. Por eso renovamos nuestro compromiso con la cultura del encuentro y del diálogo.
En este momento, pidamos al Señor que ilumine a los gobernantes, que proteja a las poblaciones civiles y que abra caminos de negociación antes de que el dolor sea mayor.
En este año jubilar de San Francisco pidamos al Señor que nos haga instrumentos de su paz.

